Septiembre 10, 2008

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Courtesy of Mark Mabry

Nombres y Títulos divinos de Jesucristo

Septiembre 11, 2008

Alfa y Omega - Greg Olsen

Alfa y Omega - Greg Olsen

En los nombres y títulos particulares que autorizadamente se aplican a Jesucristo está manifestada su divinidad. Según el criterio del hombre, no se puede atribuir mucha importancia a los nombres, pero en la nomenclatura de los Dioses, cada nombre es un título de poder o categoría. Dios es propiamente celoso de la santidad de su propio nombre (Éxodo 20:7; Levítico 19:12; Deuteronomio 5:11) y de los que son dados mediante esta autoridad. En el caso de aquellos hijos que fueron prometidos, El les prescribió sus nombres antes de nacer. Así fue con nuestro Señor Jesús, y con el Bautista (Juan), enviado para preparar el camino delante del Cristo. Por instrucciones divinas se han cambiado los nombres de ciertas personas, porque no expresaban con suficiente claridad el servicio particular al cual fueron llamadas, o las bendiciones especiales conferidas sobre ellas.* Lea el resto de esta entrada »

Jesucristo, el Creador

Septiembre 11, 2008

Paz en la tierra - Greg Olsen

Paz en la tierra - Greg Olsen

Como ya se ha indicado en relación con otro asunto, el Padre participó en la obra de la creación por medio del Hijo, el cual, por tal motivo, llegó a ser el Administrador, por conducto de quien la voluntad, mandamiento o palabra del Padre se llevó a efecto. De modo que con propiedad enfática el apóstol Juan otorga al Hijo, Jesucristo, el título de “el Verbo” o como lo declara el Padre, “la palabra de mi poder” (Juan 1:1, Moisés 1:32). En muchas de las Escrituras se aclara la parte que Jesucristo desempeñó en la creación, parte tan prominente que justifica que lo llamemos el Creador. Así que, el autor de la epístola a los Hebreos se refiere característicamente al Padre y al Hijo, en calidad de Seres distintos pero asociados: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreo 1:1-2, véase también 1 Corintios 8:6). Más explícita todavía es la forma en que el apóstol Pablo escribe a los Colosenses, a quienes declara, con referencia a Jesús el Hijo: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades: todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:16-17). Y aquí cabe repetir el testimonio de Juan, de que por el Verbo, “que era con Dios, y que era Dios aun desde el principio, todas las cosas fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. (Juan 1:1-3). Lea el resto de esta entrada »

La Trinidad

Septiembre 11, 2008

Las Escrituras manifiestan que hay tres personajes en la Trinidad: (1) Dios el Eterno Padre, (2) Su Hijo Jesucristo y (3) el Espíritu Santo. Estos constituyen la Santa Trinidad, integrada por tres entidades físicamente separadas y distintas, que en unión constituyen la presidencia de los cielos. Por lo menos dos de ellos figuran como participantes activos en la obra de la creación; y la pluralidad con que se expresa en el libro de Génesis nos sirve de ejemplo: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26); y más tarde, refiriéndose a la acción transgresora de Adán, “dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros” (Génesis 3:22). Las palabras de Moisés, reveladas de nuevo en la dispensación actual, nos dan a conocer con mayor claridad los Dioses que obraron activamente en la creación de esta tierra: “Y yo, Dios, dije a mi Unigénito, el cual fue conmigo desde el principio: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Moisés 2:26). Y más tarde, con respecto al estado de Adán después de la caída: “Y yo, Dios el Señor, dije a mi Unigénito: He aquí, el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros” (Moisés 4:28). En la historia de la creación, escrita por Abraham, se menciona frecuentemente a “los Dioses”. (Véase Abraham 4-5)

Ana: testigo del nacimiento de Jesucristo

Septiembre 11, 2008

Niño de gracia - Liz Lemon Swindle

Niño de gracia - Liz Lemon Swindle

En la providencia de Dios, el maravilloso testimonio de Simeón no era el único. Ana, una viuda de edad avanzada, una mujer devota y santa que adoraba constantemente en el templo día y noche con ayuno y oración, ahora se acercaba a la sagrada familia. Al igual que Simeón fue un profeta, ella también fue una profetisa y su voz se unía la de él como un testimonio especial del nacimiento de Cristo. Ana, cuyo nombre significa “llena de gracia” testificó a todos los que “esperaban la redención” en Jerusalén (Lucas 2:38). A pesar de las incontables horas que pasó en el templo, fue sin duda, muy conocida por las personas en la ciudad sagrada que fielmente buscaban la venida del Mesías. Todos ellos escucharían su testimonio de Su nacimiento (véase Lucas 2:36-38)

El doble efecto de la expiación

Septiembre 11, 2008